Primero, los ojos. Esta serie de obras nos confirma que la pintura no refleja una naturaleza objetiva, que en el principio está la mirada. Las maneras de ver las cosas. También nos desmiente que la evolución de la mirada deba cristalizar en una sola estética, ortodoxa en su tiempo. Hay miradas que pueden convivir simultáneamente, abiertas a una variedad de perspectivas en paralelo que es de por sí riqueza.

Siendo ellas mismas naturaleza, estas treinta instantáneas quieren además hablar en un lenguaje natural. Sus temas, objetos, encuadres, parecen elegidos al azar entre un mundo que se intuye ilimitado. Sean cantos rodados vistos de pasada, bosques cortados como por un marco de ventana, efímeras espumas de mar o estanterías tranquilas con sus libros, todas evocan la utopía psicodélica: estos foto-pictogramas asumen que cualquier parcela indistinta de realidad es en potencia un universo capaz de atraer toda nuestra atención de forma plena e incondicional. Cada detalle es único e insustituible, relevante. Si hay límites, nos recuerdan los marcos de estas treinta pinturas de treinta por treinta, están en nuestros ojos.

Después, las manos. William Blake escribió que si las puertas de la percepción se abriesen del todo a los sentidos, la naturaleza se manifestaría al hombre infinita; seguramente quiso decir también que la realidad se mostraría entonces de las infinitas maneras en que puede ser re-creada. La creación artística comporta sin embargo un conocimiento técnico, presupone una investigación, y permite una reproducción que es siempre de regularidades.

A través de estos treinta agujeros se nos deja entrar en un programa estético que viene haciéndose desde hace tiempo, y que ahora se muestra desenvuelto. Un programa de análisis que organiza los cuadros por analogías estéticas. Porque esto no es pintura naturalista. Precisamente el hecho de parecerlo sin serlo, junto con la relación heterodoxa que estos cuadros cuadrados tienen con la fotografía, delinea un camino particular de insertarse en la tradición moderna.

Finalmente, la vida. Indagadas unas estructuras básicas de la naturaleza y re-creadas, se nos está transmitiendo una vibración. Unas emociones que son también esenciales, pero según un criterio de síntesis más propio de la homeopatía. Cada cuadro parece contener una gota de sentimiento exprimida tras un intenso proceso de conocimiento e ilustración. Aunque eso ya es responsabilidad de nuestros ojos.

Pablo Sánchez León